Soy Sandra, tengo 52 años y vivo en Los Ángeles, Chile.
Primero noté los cambios en mi cuerpo y en mi energía. Después, en cómo reaccionaba: ansiedad, calma y otra vez ansiedad. A veces me miro al espejo y no me reconozco. Aceptar ese cambio ha sido difícil.
Pero en esta incomodidad también he descubierto una libertad que antes no tenía. Puedo cambiar de opinión, dejar ir creencias y darme tiempo sin culpa. Descansar no es pecado.
Estudié una nueva carrera en un área desconocida para mí. La terminé y me certifiqué con distinción máxima. Me siento orgullosa: descubrí habilidades que no conocía y me di la oportunidad de empezar algo nuevo.
También estoy aprendiendo a estar sola.
Hay una soledad que duele. La he sentido al enfrentar situaciones familiares complejas y al ver cómo algunas amistades cambian o se distancian. Los tiempos ya no siempre coinciden. Aceptarlo cuesta.
Y hay otra soledad, amable, que antes no conocía. Leo, escribo, creo con las manos. En esos momentos me escucho y disfruto de mi compañía.
Hoy cuido mi paz. Me gusta estar con personas, pero ya no busco estar donde me siento incómoda. Me importa sentirme bien con quien soy, con mis luces y mis sombras.
¿La menopausia? A veces es una lata. Aburre. Un día me siento plena y al siguiente quisiera parar el mundo. Así la estoy viviendo yo: con días de ruido, de silencio, de ganas y de pocas ganas.
Si pudiera hablar con mi yo de antes, le diría que se tome menos en serio las opiniones ajenas. Que se ría más. Que se trate con el mismo amor que entrega y se atreva a descubrir sus talentos.
Nadie me dijo que en esta etapa también podía descubrirme, aprender y disfrutar de otra manera.
En eso estoy.
Sandra, 52 años.
Gracias, Sandra, por compartir tu historia con PAUSA. ¿Qué has descubierto de ti en esta etapa?

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